Crecí entre asados. Mis padres tenían un quincho -pequeña construcción de ladrillos
con espacio para el carbón o la madera y una parrilla encima- al final del patio. Por allí, durante la primavera y el verano, pasaban primos, tíos, tías, abuela, amigos del colegio y los de más grande. El que se encargaba del fuego era mi papá (sigue sin cederle el puesto a nadie). Por años lo vi usar con destreza tenedores, cuchillos, secadores de pelo, en fin, todos los instrumentos básicos para hacer un asado y también me tocó verlo probar distintos trucos para prender el fuego: la cera de piso sobre el carbón, las maderas chiquitas, el tarro de conserva convertido en chimenea, la botella con los anillos de diario. Ese es mi favorito: vestir una botella de vino con anillos de diario, ponerla al centro de la parrilla, sacar la botella, y luego rellenar el tubo de papel con más papel. Y prender el fósforo. Hacer el fuego. No puedo reclamar exclusividad ni decir que la idea de la botella es un invento familiar porque la verdad es que lo he visto un par de veces más en algún asado a la chilena, pero de todas maneras me gusta pensar que es una especie de herencia, para todos los asados venideros.
Friday, August 10, 2012
Secreto para prender el fuego
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